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detras de escena

Todo el detrás de escena del programa que conduce Roberto Pettinato por Canal 13. Qué hacen los panelistas cuando no están al aire, los secretos del "Mini", y cómo arman el ciclo y supervisan productores y técnicos.
No hablamos antes entre nosotros, no vemos los tapes, no sabemos de qué va a salir el Mini. El aire es lo que menos nos preocupa", afirman a coro Guillermo Pardini y Fernanda Iglesias, mientras recorren los pasillos de Canal 13, ya vestidos y maquillados. Lejos de ser un desplante, el comentario alude a tres cimientos de Duro de domar: la sorpresa y la improvisación y, desde ya, la destreza de los panelistas en esa materia.
Sin embargo, a las 3 PM en punto (el programa va de lunes a viernes a las 19), la producción se encarga de comunicar telefónicamente el tema del día a cada uno de los panelistas para que preparen sus intervenciones. De manera que, el único que no tiene red y encara el aire a pura prepotencia -de imaginación, de audacia, de profesionalismo-, es su conductor, Roberto Pettinato.
"Nunca sabe nada de nada porque jugamos con su propia capacidad de generar contenidos a partir del efecto sorpresa", confiesa un productor. En este sentido, la lógica que inspira la coreografía de las cámaras durante los debates, también se apoya en la reacción de los panelistas cuando aparece el "Mini" caracterizado ("queremos generar la sorpresa en el piso y captar la alegría que les produce a los panelistas").
Precisamente, acaban de llevar a Juan Carlos Velázquez (ver Minirrepo) al lado de uno de los montacargas para concluir la caracterización. El "Mini" con palidez enfática, lleva puesta una túnica blanca y una peluca recogida que le están "tiñendo" del mismo color. En rigor de verdad, pretenden convertirlo en una réplica de la Pirámide de Mayo. Con el aerosol en la mano todavía chorreando, la maquilladora mira su obra y exclama: "Cada día, me doy cuenta de que maquillo mejor".
Faltan pocos minutos para las 7 PM. Pardini fue (lo es habitualmente) el primero en llegar (muy temprano, por la tarde) y, aprovechando la soledad del camarín de Pettinato, se tiró a dormir la siesta, envuelto en la camiseta de San Lorenzo.
Las chicas (Fer y Ursula Vargues) suelen estar en el canal con cierta anticipación, para poder maquillarse y peinarse sin contratiempos. Apenas una hora antes del comienzo, arriban Pettinato, el Chavo Fucks y Gustavo Noriega.
"Decí que en la tribuna son todos negros", sugiere Roberto Pettinato a esta cronista, ensanchando una severa sonrisa de Patán, enfundado con un saco siete octavos de cuero marrón y dorado, a tono con los zapatos y la peluca look Dragon Ball Z. En menos de diez minutos, va a estar entrevistando a Luis D'Elía a propósito del paro agropecuario, el enfrentamiento con manifestantes en Plaza de Mayo y el cruce radial con Fernando Peña. "Decí también que no tenemos catering", agrega, levanta los hombros. De inmediato, desaparece en el control, situado detrás del estudio...
Cuando los panelistas ingresan al piso, la tribuna los recibe con un aplauso y el chisporroteo módico de flashes provenientes de las cámaras digitales y los teléfonos celulares. "¡Grande Pardini!", se escucha por ahí y, sin abandonar la posición erguida, el susodicho profiere una respuesta que oscurece más de lo que aclara: "No tan grande. Cuarenta y uno no más..."
En plan de "personajes" el del Chavo es el más solemne: no mezquina elocuencia a la hora de contestarle a Pettinato pero tampoco cuando algún fanático le da pista para opinar sobre entuertos futboleros. Si Pardini e Iglesias hacen gala de serenidad, Fucks de dramática franqueza y Pettinato de humor looney toones, a Vargues y a Noriega la espera parece ocasionarles cierta tensión en el rostro. En cualquier caso, sin duda, son los menos "ruidosos" del grupo.
Empezado el primer informe, el clima se distiende cuando hace su ingreso el "Mini Pirámide", montado sobre un cubo de madera puesto arriba de un carrito con ruedas que pretende ser un pedestal. La tribuna (chicos, grandes, adolescentes, padres, hijos, señoritas) resuena en aplausos y Velázquez implora casi sin moverse: "No griten mucho porque me caigo". Mientras Ursula Vargues toma notas en un cuaderno, sus compañeros intercambian impresiones, lanzan sonrisas a la oscuridad o beben agua. Pettinato, en cambio, sigue con atención la crónica en la pantalla. José Galicia, Fabián Cerfoglio ("Madariaga") y los reidores, hacen lo propio en el monitor montado en el suelo. El reflectorista y los camarógrafos dejan en posición sus instrumentos.
Las tres cámaras fijas, la grúa y la montada al hombro cumplen un diseño de desplazamiento específico para cada una, según planos y encuadres previstos de antemano. Desde la cabina de control, Gustavo Peduto —el director—, poncha las cinco máquinas "editando" en vivo lo que el espectador ve en la pantalla.
En cuanto a los sonidos (el chan, por ejemplo), se pegan sobre el vivo también desde el control, mediante un sistema que los pasa por el switcher, permitiendo la sa lida en simultáneo de audio y video (al igual que los videograph). Otro de los aspectos que se "cocina" en el control (una usina cuya invisibilidad es directamente proporcional al efecto de natural frenesí que explota Duro de domar) y sin arreglo previo, es el llamado a las figuras que salen al aire (de lo que se ocupa Martín Moyano, Coordinador de contenidos).
Claro que, detrás de cámara, tiene lugar un programa paralelo. En una silla, en un rincón, algo taciturno e ignorado por todos, espera su turno Edgar. La maquilladora y la peinadora, van y vienen, esperando la tanda o los informes, para retocar a Petti y a los panelistas. Los reidores entablan duelos gestuales con los sonidistas y los camarógrafos. Sosteniendo el micrófono inalámbrico, Sebastián Presta -productor ejecutivo y hombre infatigable-, se acerca al Mini y le pregunta: "¿Estás cómodo? Ya dentro de un rato entrás". Sin pronunciar palabra, Velázquez asiente con un movimiento de párpados y escucha la primera versión (serán tres en total) del parlamento con el que tiene que salir a escena. No pasaron cinco minutos, cuando se acerca un asistente que, nuevamente, lo interroga: "¿Estás bien? Dice Seba si no te estás muriendo...". Otra vez, Velázquez devuelve un "No" estoico. Los minutos corren y la posibilidad de su ingreso es cada vez menor. A su lado, un par de productoras lo bardean: "Ahora podés sentir lo que sentimos nosotras arriba de los tacos...".
Durante la tanda, Noriega conversa con la tribuna, Ursula sigue ordenando su cuaderno, Fernanda se deja retocar el maquillaje sin abandonar la sonrisa, Pettinato se escapa al control y el Chavo no para de hablar por teléfono. "Ya no sos del pueblo Chavo", exclama el Mini desde las sombras, como para ejercitar el idioma español. "¿Entramos o no entramos?", insistirá el hombre pequeño, obteniendo la respuesta contundente de los hechos. "¡Diez segundos y nos vamos! Aguantame Juanca", dice Presta. Ese día, "Juanca" desandará el camino hacia los camarines sin haber participado de la entrega. "¡Guardámelo en utilería!", sugiere Petti. Demorado por una chica que le pide un autógrafo sobre la foto de Luca Prodán, será el último en salir.
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